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La vida cristiana es bella . La Trinidad y yo.

El próximo domingo celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, misterio central de nuestra fe. Autor: P Evaristo Sada LC | Fuente: www.la-oracion.com

Es muy diferente un pozo seco a un manantial. El manantial tiene vida. El pozo seco o con agua estancada es muerte. Cuando nos referimos a la relación del hombre con Dios puesta en acto, hablamos de vida, vida espiritual.

¿Cuál es la fuente de la vida espiritual? ¿De dónde viene esta vida? ¿Quién da vida? La fuente de la vida espiritual es la vida de Dios, nuestra participación en la vida de la Santísima Trinidad por la gracia a través de los sacramentos y la oración.

Eso es lo que se mueve allá adentro de nosotros, esa es la sangre que corre por nuestras venas desde el día de nuestro bautismo. Desde entonces, el manantial que ocupa el centro de nuestro ser es la Trinidad. ¡Qué maravilla!

Una verdad existencial

El próximo domingo celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, misterio central de nuestra fe. Para mí esta fiesta es una invitación a poner en acto en la oración eso que creo por la fe, en forma de relación personal, de trato, con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No basta el conocimiento del misterio, la Iglesia nos invita a través de la teología y de la liturgia a profundizar en su significado, pero profundizar de una manera no sólo intelectual, sino afectiva, existencial.

El bautismo: una llamada al amor

Al recibir en el bautismo el don de la gracia santificante, que nos hizo hijos de Dios, recibimos de parte de Él una llamada al amor. Después de esto nuestra vida cristiana consiste en responder al don recibido de Dios: “Si alguien me ama, guardará mi palabra y mi Padre le amará y vendremos a él y haremos morada en él.” (Jn 14, 23) Dios que puso amor, espera una respuesta de amor.

“La respuesta de la fe nace cuando el hombre descubre, por gracia de Dios, que creer significa encontrar la verdadera vida, la “vida en plenitud”. Uno de los grandes padres de la Iglesia, san Hilario de Poitiers, escribió que se convirtió en creyente cuando comprendió, al escuchar en el Evangelio, que para alcanzar una vida verdaderamente feliz eran insuficientes tanto las posesiones, como el tranquilo disfrute de los bienes y que había algo más importante y precioso: el conocimiento de la verdad y la plenitud del amor entregados por Cristo (Cf. De Trinitate 1,2).” (Benedicto XVI 13 de junio 2011)

Intimidad con Dios

Dios nos invita a participar de su vida íntima, de esa vida que consiste en el amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Se dice fácil, pero este es un misterio grandioso, algo sobrehumano, sobrenatural, y en el cual estamos sumergidos.

Cada vez que intimamos con Dios en la oración entramos en el misterio. Es fe orante. En ella nos dirigimos a Dios como Padre. Padre es el nombre propio de Dios. Así nos lo reveló Jesucristo, quien vive contemplándolo permanentemente. “El Padre, que me ha enviado, posee la vida, y yo vivo por él. Así también el que me come vivirá por mí” (Jn 6, 57).

En Jesucristo contemplamos la belleza del Padre, él es “resplandor de Su gloria” (Hb. 1,3), el que está con nosotros, Dios-con-nosotros (Is 7, 14) Su misión es nuestra salvación. Tratamos con Cristo como nuestro salvador, nuestro redentor: “Padre, yo deseo que todos estos que tú me has dado puedan estar conmigo donde esté yo” (Jn 17, 24). Somos pecadores rescatados por la sangre de Cristo y en la oración cristiana nos dirigimos a Él como nuestro Redentor para darle las gracias, pedirle perdón, aprender de Él.

Y tratamos con el Espíritu Santo cuya misión es nuestra santificación. A partir del bautismo tenemos toda una vida por delante para crecer y asemejarnos como hijos que somos, al Hijo con mayúscula. Esa labor paciente de transformación conforme a la imagen de Cristo la va realizando el Espíritu Santo en nosotros poco a poco, como el agua sobre la piedra de río, a medida que cooperamos con Él. El Espíritu Santo es el Santificador, el Huésped de nuestra alma, nuestro Socio con el que trabajamos para realizarnos en plenitud como hombres y como cristianos. Él es amor y derrama el amor de Dios en nuestros corazones. (Rom 5, 5)

La vida espiritual, la vida de oración, es simplemente maravillosa. ¡Qué gozada poder tratar como hijo con EL PADRE, como pecador rescatado con su mismo REDENTOR; como buscador con su GUÍA! Francamente, ¡qué maravilla!

La vida cristiana es bella.

N.B. Si un espectáculo de agua, luz y sonido (no dejes de verlo) puede ser tan armónico y bello, ¡qué será la belleza de la vida trinitaria que llevamos dentro!

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Lectio Divina. Domingo de Pentecostés

Lectio Divina. Domingo de Pentecostés
Pentecontés. Oración con el Evangelio. Ciclo A.
Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net

1. INVOCA

  • Prepárate para este rato de oración con la Palabra de Dios. En la oración, sobre todo, hay que dejar al Espíritu que nos diga su mensaje de vida. Luego, podremos responderle según lo que Él mismo nos haya inspirado.
  • Invocamos al Espíritu: Veni, Sancte Spiritus.Ven, Espíritu Santo,
    te abro la puerta,
    entra en la celda pequeña
    de mi propio corazón,
    llena de luz y de fuego mis entrañas,
    como un rayo láser opérame
    de cataratas,
    quema la escoria de mis ojos
    que no me deja ver tu luz.

    Ven. Jesús prometió
    que no nos dejaría huérfanos.
    No me dejes solo en esta aventura,
    por este sendero.
    Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
    mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
    Te necesito en mi noche
    como una gran tea luminosa y ardiente
    que me ayude a escudriñar las Escrituras.

    Tú que eres viento,
    sopla el rescoldo y enciende el fuego.
    Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
    Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
    Tengo las respuestas rutinarias,
    mecánicas, aprendidas.
    Tú que eres viento,
    enciende la llama que engendra la luz.
    Tú que eres viento, empuja mi barquilla
    en esta aventura apasionante
    de leer tu Palabra,
    de encontrar a Dios en la Palabra,
    de encontrarme a mí mismo
    en la lectura.

    Oxigena mi sangre
    al ritmo de la Palabra
    para que no me muera de aburrimiento.
    Sopla fuerte, limpia el polvo,
    llévate lejos todas las hojas secas
    y todas las flores marchitas
    de mi propio corazón.

    Ven, Espíritu Santo,
    acompáñame en esta aventura
    y que se renueve la cara de mi vida
    ante el espejo de tu Palabra.
    Agua, fuego, viento, luz.
    Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)

    2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Jn 20, 19-23) (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto litúrgico

    Celebramos hoy la solemnidad de Pentecostés o la venida del Espíritu sobre la Virgen María y los apóstoles, además de a los primeros cristianos que se convirtieron en ese mismo día, según nos relata el libro de los Hechos de los apóstoles. (Ver: Primera lectura de hoy y Hch 2, 41).

    Contexto bíblico

  • Pentecostés era en Israel la fiesta de la cosecha de los cereales. Se celebraba 50 días después de la Pascua (penta significa cinco. Pentecostés = cincuenta días). También celebraba el pueblo hebreo la fiesta de la Alianza, pactada entre Dios y el pueblo en el Sinaí por mediación de Moisés. Su síntesis es el primer mandamiento: Amarás al Señor tu Dios… También se llamaba la Fiesta de las Semanas (7 por 7 días después de Pascua).
  • Lucas relata en los Hechos el advenimiento del Espíritu a los 50 días de la Pascua. En cambio, Juan, como leemos en el Evangelio de hoy, describe la venida del Espíritu el mismo día de la resurrección.Texto
  • Juan describe la donación del Espíritu en el mismo día de la resurrección. ¿Por qué esta diferencia con Lucas? Juan subraya la hora, momento teológico, a la que se dirigía toda la existencia terrena de Jesús. Es la hora en que Jesús glorifica al Padre con su entrega a la muerte y la entrega de su Espíritu (Amor) a la humanidad. Inclinando la cabeza, entregó el espíritu (Jn 19, 30).1. Sopló sobre ellos (v. 22)
  • Aquel mismo día, por la tarde, estaban reunidos los discípulos en una casa, con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos (Jn 20, 19).
  • En los discípulos no existía ni la más mínima esperanza de ver a Jesús. La decepción y el miedo se habían apoderado de los discípulos. La muerte del Maestro había sido un duro golpe para sus expectativas.
  • Pero, Jesús ya les había prometido, sobre todo en el discurso de la Última Cena, que estaría con ellos siempre. (Jn 14, 18; 16, 16-18), enviando al Espíritu (Jn 14, 26; 15, 26; 16, 7, 8, 33).
  • El Resucitado se presenta en medio de ellos y les desea la paz, es decir, la totalidad de la vida. Con la paz, también Jesús les envía, les constituye misioneros de su propia vida. Y para eso, les regala el Espíritu (20, 22). El soplo nos recuerda el espíritu que da la vida, como describe el Génesis, al donar la vida sobre el muñeco de barro (Gn 2, 7).
  • Con la donación del Espíritu, que viene del Resucitado, la comunidad de discípulos recibe la paz, el perdón de los pecados y la vocación de enviados para realizar lo mismo, de parte de Jesús. La misión de la comunidad, como la de Jesús, es otorgar la paz, el perdón, la vida hasta la entrega total.2. Reciban el Espíritu Santo (v. 22)
  • La donación del Espíritu, no es sólo para los discípulos. Es para todos aquellos hombres y mujeres, que creen en Jesús.
  • Los primeros discípulos, con el fuego del Espíritu, se lanzaron a la evangelización de aquel mundo entonces conocido. Sufrieron persecuciones, cárceles y el martirio. Nada les detuvo. Bajo el impulso del Espíritu, los discípulos encuentran el lenguaje apropiado para el anuncio. El texto del relato de Pentecostés (Hch 2, 1-41; un trozo se lee hoy: Hch 2, 1-11) indica que los discípulos hablaban en su propia lengua y les entendieron todos los peregrinos.. Cada uno comprendió el discurso de Pedro desde su propio mundo cultural. El lenguaje que entiende toda la humanidad es el del Amor, donación del Espíritu.
  • Esto da a entender que la evangelización no es una uniformidad impuesta. Sino que debe partir de la fidelidad al mensaje, al Espíritu del Resucitado con la aplicación a las diversas culturas. Cada evangelizador desarrolla su ministerio, tiene diferentes carismas (ver: 1 Cor 12, 3bss., segunda lectura de hoy). Todos deben ser respetados en sus cualidades o carismas, con tal de que respondan al viento del Espíritu. 3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)
  • ¿Qué supone el Espíritu en mi vida de fe? ¿Me doy cuenta que el Espíritu constituye todo lo que el Padre y Jesús me regalan? En el Espíritu está su Amor, su iluminación, su animación y motivación. En el Espíritu está la gracia y la fortaleza, donación del Padre y de Jesús. En el Espíritu está el perdón, la superación de los miedos y el coraje para dar testimonio del Evangelio.
  • Sin el Espíritu Dios queda lejos, Cristo pertenece al pasado, el Evangelio es letra muerta, la Iglesia una mera organización, la misión una propaganda, el culto una evocación y el obrar cristiano una moral de esclavos.
  • Pero con el Espíritu, el cosmos es exaltado y gime hasta que dé a luz el Reino. Cristo resucitado está presente, el Evangelio es potencia de vida, la Iglesia comunión trinitaria, la autoridad servicio liberador, la misión un nuevo Pentecostés, el culto memorial y anticipación, y el obrar humano queda divinizado (Hazim, metropolita ortodoxo, Upsala 1968). 4. ORA (Qué le respondo al Señor)
  • Le abro las puertas de mi ser al Espíritu. Para que Él me transforme en lo más íntimo. Que me dé el fuego y el coraje de ser testigo suyo en todos los momentos y lugares. 5. CONTEMPLA
  • A Jesús en el gesto de darnos s Espíritu de amor, perdón y paz, para ser enviados en su nombre.
  • A ti mismo, para ver cómo te sientes invadido por el Amor y la fortaleza de su Espíritu. 6. ACTÚA

    Repite con frecuencia:

    Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
    Ven, Espíritu Santo, manda tu luz desde el cielo. Entra hasta el fondo del alma y enriquécenos.
    Mira el vacío del hombre, si Tú le faltas por dentro. Ven, Espíritu Santo.


  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Martín Irure

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    5º Domingo del Tiempo Ordinario

    Lecturas de la liturgia

    • Primera Lectura: Isaías 58, 7-10
      “Entonces surgirá tu luz como la aurora”Esto dice el Señor:
      «Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo, y no te desentiendas de tu semejantes.
      Entonces brillará tu luz como la aurora, en seguida tus heridas sanarán; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor.Entonces clamarás al Señor y te responderá. Gritarás y te dirá: Aquí estoy.Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.
    • Salmo Responsorial: 111
      “El justo brilla como una luz en las tinieblas.”Quien es justo, clemente compasivo, como una luz en las tinieblas brilla. Quienes, compadecidos, prestan y llevan su negocio honradamente jamás se desviará.
      R. El justo brilla como una luz en las tinieblas.El justo no vacilará; vivirá su recuerdo siempre. No temerá malas noticias, porque el Señor vive confiadamente.

      R. El justo brilla como una luz en las tinieblas.

      Firme está y sin temor en su corazón. Al pobre da limosna, obra siempre conforme a la justicia; su frente se alazará frente a su gloria.
      R. El justo brilla como una luz en las tinieblas.

    • Segunda Lectura: I Corintios 2, 1-5
      “Les he anunciado a Cristo crucificado”Hermanos: Cuando vine a anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre ustedes me precié de saber cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
      Me presenté a ustedes débil y temeroso; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que su fe no se apoye en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios.
    • Evangelio: Mateo 5, 13-16
      “Ustedes son la luz del mundo”En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
      “Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve desabrida, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla y que la pise la gente.
      Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de una montaña. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo de una olla, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
      Que alumbre así su luz a la gente para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre que está en el cielo”.

    ¿Qué decía el texto originalmente?

    ¿Qué quería decir el texto originalmente?

    ¿Qué me/nos quiere decir la Palabra de Dios actualmente?


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